
Ceci Ulloa - Psicóloga
Un parto en la caverna
Cómo mi último parto me llevó de regreso a lo más primitivo y mamífero

Todo tú ha sido intenso. Una gestación con mucho síntoma, me sentía enferma la mayor parte del día, todos los días. Me acordaba de amigas y consultantes que me describían así su gestar, y yo que nunca antes me había sentido así, no lo comprendía. Hasta ahora.
Tu parto. Qué intenso fue y qué dolor sentí. Llegamos a la inducción anticipados un día a la fecha original. Con tu papá, ya sabíamos a lo que íbamos, pero teníamos los nervios activados igual.
Llevé mi lista de musiquita elegida, audífonos, mis brumas, y arriba de la pelota kinésica, empezó el proceso una vez puesta la oxitocina.
Conversaba por whatsApp con familia y amigas, contándoles pormenores del momento cuando de pronto pum! Una ola de intenso dolor me envolvió. Apretaba mi cabeza contra la cama cuando venía lo fuerte, tu preparándote a salir. Pasaba la ola, seguía el vaivén en la pelota. Llegó tu papá que había salido a buscar el bolso, y me vio y supo que era ya casi el momento. Me dijo que pidiera la epi, pero quise esperar. Tú no. En pocos minutos pasé de 4 a 10 de dilatación y en mi vida había gritado tanto. Tanto era el dolor que me atravesaba, me hacía retorcer en la cama, pidiendo que se apuraran con la bendita inyección. Mi matrona, un sol, se preparaba para recibirte en la misma cama de preparto, mientras el equipo de anestesia intentaba ayudarme con el dolor.
Entre tanto, yo viajé a planeta parto. O a otra dimensión, en el pasado. Tuve una visión. Yo, en cuclillas, en medio de una cueva, una caverna milenaria, pariendo. Sola. Acompañada de un fuego fuerte y potente. Era yo, hace decenios, milenios. Éramos todas.
Sufrí mucho. Sí. Pero no lo cambio. Porque quería sentir, sentirte. Quería vivir un parto distinto a los de tus hermanos, experimentar la naturaleza mamífera en su esplendor.
Fue intenso. Tú has sido intenso. Tal como este puerperio, en donde tus manitas me buscan constantemente, solo quieres mamá y pechuga. Me he cansado, agotado, gritado y llorado más que nunca antes.
Me he sentido perdida, sin saber quién soy y a dónde voy. Me he cuestionado hasta mi rol profesional, en esta incesante (auto) exigencia de tener que estar bien, cuando no se puede y es esperado (sobre) vivir tantos cambios, siendo necesario ser compasivas más que castigadoras con una misma.
Me retraigo, lloro en silencio, pataleo, suelto, pido ayuda. La ola me revolcó completamente.
Ha sido intenso. Tú, mi último bebé, me has venido a enseñar tanto tanto sobre mi, acá al otro lado de la piel.
Te honro, nos honro.